En estos tiempos de crisis (financieras, económicas, ambientales), la tendencia a replegarse sobre sí mismo es natural y las preocupaciones de largo plazo ya no parecen prioritarias. Es normal. Intentamos salvar lo que poseemos, nuestros logros. Porque las posesiones tangibles, aquello que es material, tiene siempre la prioridad sobre lo que no lo es: antes la casa que la pensión; antes la reactivación económica que la reforma.
Sin embrago, mientras que las crisis son, en realidad, una misma y única crisis sistémica, los dirigentes actuales, tanto como sus socios tradicionales, no cuestionan el modelo de desarrollo en sí. ¿No debemos ver también la crisis actual como el fin de un ciclo de desarrollo, el de los países llamados "desarrollados"?