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Frente a la crisis, ¡por una democracia participativa!

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Communicado
Fecha de publicación: 
Domingo, 1 Marzo, 2009

En estos tiempos de crisis (financieras, económicas, ambientales), la tendencia a replegarse sobre sí mismo es natural y las preocupaciones de largo plazo ya no parecen prioritarias. Es normal. Intentamos salvar lo que poseemos, nuestros logros. Porque las posesiones tangibles, aquello que es material, tiene siempre la prioridad sobre lo que no lo es: antes la casa que la pensión; antes la reactivación económica que la reforma.

Sin embrago, mientras que las crisis son, en realidad, una misma y única crisis sistémica, los dirigentes actuales, tanto como sus socios tradicionales, no cuestionan el modelo de desarrollo en sí. ¿No debemos ver también la crisis actual como el fin de un ciclo de desarrollo, el de los países llamados "desarrollados"?

El modelo de desarrollo actual, que deseamos diferente, está basado en el permanente crecimiento de la producción y, entonces, en la hiperexplotación de los recursos naturales y de los individuos, base de la cadena de producción. Aplicado a una determinada zona geográfica, ese modelo podrá ser esquematizado de la siguiente forma:

  • Una autoridad (federal, local, etc.), desea "desarrollar" económicamente tal zona.
  • Un estudio que pretende desarrollar económicamente esta zona, es llevado a cabo por esta autoridad.
  • Ésta, influenciada o no por otros intereses privados y/o públicos, decide lo que considera como el mejor desarrollo posible. Sin embargo, su decisión no implica a los habitantes del lugar -cuya existencia será profundamente afectada por esas decisiones- sino hasta que es necesario aprobar el proyecto pero sin que se les haya dado los medios para comprender el alcance de éste.
  • El esfuerzo de desarrollo desemboca entonces en un aumento del producto nacional bruto de la zona geográfica y conduce a un aumento del volumen de riqueza creado por el conjunto del país. Pero más allá del aumento de la producción, ¿cuáles son las aportaciones locales concretas?

Demos un ejemplo: Brasil gana su autonomía energética desarrollando los agro-combustibles, lo que contribuye efectivamente al desarrollo nacional. Pero las zonas de explotación de soya o de caña de azúcar sufren múltiples problemas: deforestación, expropiaciones, explotación de los trabajadores, derechos colectivos e individuales burlados, enriquecimiento de un puñado, empobrecimiento de la mayoría.

No se trata, pues, del desarrollo tal como lo entendemos.

Porque si el desarrollo buscado debe obviamente ser "duradero", tiene que hacerse, sobre todo, en concertación con aquellos a los que les concierne en primer lugar.

¿Qué hay más inconveniente que el amputarse una parte de su propio cuerpo para que las otras sean más fuertes? A fin de que ninguna parte de la sociedad se vea "amputada", debe ser ella quien decida, porque sabe mejor que otros de qué modo desea evolucionar, avanzar, desarrollarse. Porque ella tiene la mayor legitimidad, lo que olvidan muy seguido quienes invocan el interés general para decidir, en lugar de los otros, lo que es bueno para ellos.

En ese sentido, deseamos ver que se desarrolle la democracia participativa y el empleo sistemático de herramientas de consulta popular. Si una mayoría de personas de una zona geográfica afectada por un plan de desarrollo se pronuncia en contra, entonces el proyecto debe ser revisado, corregido, enmendado, incluso suprimido.

Estas consultas no deben reducirse a la aplicación formal de una obligación legal. Al contrario, deben estar concebidas en colaboración con los representantes de las comunidades, de las asociaciones y de todas las organizaciones locales, dirigirse al conjunto de la población concernida y acompañarse de un libre acceso a la información útil para la toma de decisión.

Porque si bien es cierto que el derecho de consentimiento previo, libre e informado es reconocido por numerosos textos internacionales de derechos humanos y de derechos de los pueblos y por la mayor parte de las legislaciones nacionales, muy frecuentemente, este derecho sólo se respeta en el papel; las consultas populares son parciales y llevadas a cabo sin que los participantes se informen previamente. Y las consultas populares no deben ser consultas populistas.

En respuesta a esta problemática y más allá de los referéndums iniciados por el Estado, deseamos que los referéndums de iniciativa popular sean reconocidos por lo que son: la expresión de las voluntades de un pueblo.

Queremos hacer un llamado a los candidatos de las elecciones europeas del 4 y 7 de junio de 2009 acerca de la necesidad de reflexionar sobre lo que se entiende por "desarrollo". Somos cada vez más numerosos los que tenemos vergüenza de lo que se hace en nombre de esa concepción dominante.

En esta época de crisis sistémica, no nos equivoquemos de combate, no intentemos cubrir los vacíos del sistema. Es tiempo de afirmar claramente que el modelo de desarrollo actual no es una fatalidad. Que es posible hacer progresar la verdadera democracia por todo el mundo. Que es posible exigir a las multinacionales occidentales que se comporten en "los países del sur", al menos como ellas lo harían en "un país del norte".

Y, en fin, que con mayor autonomía es posible desarrollarse mejor, siendo respetuosos de la naturaleza y conservando nuestra humanidad.

Exijamos otro mundo.

Traducción : Cecilia Franco

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