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Un salto de vida

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Los Laureles, Picachos, Hassar's, basureros sin rienda

Fecha de publicación: 
Martes, 18 Junio, 2013
Por: 
Un Salto de Vida

En El Salto, pueblo del occidental estado de Jalisco de este país México, transita un Río al que muy allá sus pobladores originarios lo llamaban “El Chignahuapan”, palabra Nahua que significa "potencia de nueve ríos", platican los antiguos que cuando venían los conquistadores hacia estas tierras empezaron a oír lejos un estruendo, al irse acercando al Río abriéndose paso entre la tupida vegetación, se encontraron con una cascada espectacular, quedaron maravillados. Al ver ese espectáculo natural tan colosal y en honor a su santo Santiago lo bautizaron como El Río Grande de Santiago.

Esta caída fue conocida en tiempos modernos como El Salto de Juanacatlán, con sus más de 20 metros de altura por 167 metros de ancho y por su caudal se consideraba la más grande del país y la número siete del mundo. El cauce del Río después de la caída de agua, corría agitado, recio, rugía, se va encajonando, si Uno lo empieza a mirar de arriba, comienza a embarrancarse, al llegar a las tierras de un pueblo milenario llamado Tololotlán se asilencia, hace un remanse, ahí se juntan las fronteras de El Salto, Juanacatlán y Tonalá. Ahí pegado a "Tololo" pero en la parte de arriba en lo parejo, en el llano, estaba el Rancho “Los Laureles”.

EL MURO

Por: 
Enrique Enciso Rivera

Han puesto un muro en el  ingreso de la vieja planta hidroeléctrica.

HidroelectricaHidroelectrica
Ahi en La Cascada El Salto de Juanacatlan se construyo una planta generadora de electricidad para aprovechar su fuerza por alla en 1894. Fue la primera por su tamaño en Latinoamerica y la segunda en el mundo. Trajo una bonanza aturdidora, que escondio el lucro empresarial y gubernamental de un bien colectivo en la bruma de la brisa del  salto del agua, 27 mts. de altura, 167 mts. de ancho. La caida hoy es el epicentro de la contaminación, muestra viva de una guerra ambiental encubierta contra los pueblos del rio. Cuando se ve su amplitud conmueve hasta el llanto.

 

 ¿Se habrá puesto el muro para proteger a los débiles de su libertad a no ser contaminados? ¿de su libertad a no ser envenenados? La planta de luz, como le decimos a perdido su batalla contra el moho y la rapiña. ¿Se bardeo para evitar el vandalismo?. Propiciado por las mismas autoridades encargadas de cuidarla. Y/o será para instituir su desaparición, a escondidas de las miradas?. ¿Se trata que muera en privado?. ¿Que tenga una muerte sin identidad?. ¿Se pondría para asilenciar un secreto?.

¿Alguien estará organizando el olvido de su muerte?. Porque una muerte indeterminada, invisible y anónima confirma la inexistencia del asunto. ¿Se habrán iniciado los trabajos para hacer un museo?. Tal como lo dijo el arrogante Secretario del Medio Ambiente. ¿Sera parte de los trabajos de limpieza de la Cuenca del Ahogado?. Que habrán de pagar los ciudadanos por los delitos de las corporaciones, léase empresas y gobiernos.

México, Guadalajara: Lo que fue un río vivo ahora asfixia a más de 160 mil personas

Por: 
Agrupación Un Salto de Vida A.C.

Un día el río amaneció tapizado de peces muertos; otro, comenzamos a morir todos..

Hace 40 años, el brillo de una nata de peces muertos en el cauce del río Santiago nos tomó por sorpresa a los habitantes de El Salto y Juanacatlán, Jalisco, en el Occidente de México. Pero la pesadilla apenas comenzaba. No sabíamos lo que venía. Lo que vino fue la pérdida de la comida que obteníamos del río; la pudrición de todas las tierras de cultivo de los alrededores; la necesidad de comer frutas y legumbres regados por heces fecales, agroquímicos y metales pesados, que una zona industrial pujante arroja a 16 comunidades de por lo menos tres municipios: El Salto, Juanacatlán y Tonalá. Ahí viven unas 160 mil personas. Y la zona afectada que se refiere, apenas es un pequeño tramo de los 500 kilómetros que recorre el torrente envenenado, en su camino hacia el Océano Pacífico.

Hasta hace 20 años, la mayoría de los habitantes de la región vivíamos del cultivo. Hemos perdido esa posibilidad. Cada segundo el río Santiago recibe 10,500 litros de aguas fecales e industriales sin tratamiento, de la zona metropolitana de Guadalajara (ZMG). Eso es apenas el principio. La falta de control sobre los procesos industriales ha convertido a nuestro territorio en un cementerio de escorias de las fundidoras, de residuos biológicos y en basureros clandestinos.